martes, 6 de octubre de 2009

Satelite Artificial


Se denomina satélite artificial a cualquiera de los objetos puestos en órbita alrededor de la Tierra con gran variedad de fines, científicos, tecnológicos y militares. El primer satélite artificial, el Sputnik 1, fue lanzado por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957. El primer satélite de Estados Unidos fue el Explorer 1, lanzado el 31 de enero de 1958, y resultó útil para el descubrimiento de los cinturones de radiación de la Tierra. En los años siguientes se lanzaron varios cientos de satélites, la mayor parte desde Estados Unidos y desde la antigua URSS, hasta 1983, año en que la Agencia Espacial Europea comenzó sus lanzamientos desde un centro espacial en la Guayana Francesa. El 27 de agosto de 1989 se utilizó un cohete privado para lanzar un satélite por primera vez. El cohete, construido y lanzado por una compañía de Estados Unidos, colocó un satélite inglés de difusión televisiva en órbita geosíncrona.

lunes, 5 de octubre de 2009

Derretimiento de un iceberg, visto desde el espacio

















Luego de casi tres años de flotar en las frías aguas del Atlántico Sur, el iceberg A53a se derritió por completo en un lapso de sólo dos meses. Las imágenes satelitales captaron el momento de la “muerte” de este iceberg, de una superficie inicial de 1100 kilómetros cuadrados, cinco veces más grande que la ciudad de Buenos Aires.
El iceberg, que recibió el número de clasificación A53a, se desprendió de la Barrera de Larsen, en la Antártida Argentina, en abril de 2005. Desde entonces, se mantuvo a flote, arrastrado por las corrientes del océano Atlántico Sur, hasta que a fines del año 2007 llegó a las cercanías de las islas Georgias del Sur, con aguas de una temperatura relativamente más templada, que aceleraron el proceso de derretimiento y desintegración.
Los astronautas de la Estación Espacial Internacional, que cuentan con la ventaja de poder tomar fotografías desde un ángulo oblicuo, y de esa manera evitar la obstaculización visual producida por la capa de nubes, captaron esta imagen del iceberg A53a el 15 de enero de 2008, cuando estaba a punto de comenzar su desintegración. Se aprecian sobre la superficie del iceberg unas manchas de color celeste; se trata de lagunas de hielo ya derretido, que marcan el inicio de la última etapa de la vida del iceberg.
Las imágenes satelitales que vemos a continuación fueron tomadas por los sensores MODIS de los satélites Aqua y Terra de la NASA. Las fotografías fueron tomadas entre el 15 de enero y el 15 de marzo, lo que permite observar con un alto nivel de detalle el proceso de derretimiento del iceberg.

En la imagen del 15 de enero, el iceberg permanece intacto, aunque ya se detectan algunas leves manchas de color celeste sobre su superficie, correspondientes a las lagunas de hielo derretido que anuncian su próxima desintegración. El hielo derretido de estas lagunas comienza a penetrar en las grietas del iceberg, socavando su interior y acelerando su ruptura.

El día 21 de febrero, el A53a ha sufrido un desprendimiento de algunos fragmentos de gran tamaño. Una minuciosa inspección en la imagen de alta resolución correspondiente (disponible al hacer click sobre la imagen, al igual que en las demás) revela la multiplicación de las lagunas de hielo, representadas por franjas de color celeste.

El día 3 de marzo, se detecta un agrietamiento masivo que ha dividido al iceberg en dos grandes fragmentos.

La imagen satelital del 15 de marzo muestra los últimos momentos del iceberg A53a, dividido en dos grandes secciones y rodeado de numerosos restos de hielo, cerca de las islas Georgias del Sur. La escala de la imagen ha sido ajustada para poder abarcar el área de dispersión de los trozos de hielo desprendidos del iceberg. La sección ubicada más al este continuaba fragmentándose al momento de tomar la fotografía.
El derretimiento del iceberg es un proceso completamente natural; recordemos que también hemos hablado sobre los orígenes de un iceberg en el artículo titulado Nacimiento de un iceberg, visto desde el espacio. La observación satelital y el seguimiento de los icebergs sirven para ayudar a los científicos a estudiar las capas de hielo antárticas y comprender con mayor precisión cómo se comportan en respuesta a un aumento de las temperaturas.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La tecnologia satelital

Cuando habla sobre las posibilidades de la tecnología satelital, aunque está a metros del Obelisco los ojos de Ghasse Asrar se iluminan como si se asomara a la Tierra desde un balcón imaginario situado a varios kilómetros de altura y varios años en el futuro. Es que, para el administrador asociado de la NASA, que esta semana se encuentra en Buenos Aires para participar del 29° Simposio Internacional sobre Teleobservación del Medio Ambiente, el conocimiento que ofrece la detección de los signos vitales del planeta no sólo es fundamental para determinar cómo están cambiando la atmósfera, la tierra y los océanos, sino que merece un esfuerzo internacional mancomunado.Asrar, que nació en Persépolis, Irán, pero vive en los Estados Unidos desde la adolescencia, es físico especializado en ciencias atmosféricas. Hasta el viernes, él y más de trescientos especialistas argentinos y extranjeros pasarán revista a las posibilidades presentes y futuras de la teleobservación en la reunión organizada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).
Aca podemos visualizar el Rio de la Plata , desde el espacio...

¿Qué aplicación tendrán estos conocimientos?

Hay tres áreas emergentes que beneficiarán muy claramente nuestra vida diaria. Una es la predicción meteorológica. Hoy podemos predecir el clima con tres a cinco días de anticipación y con una exactitud del 80%. Creemos que en esta década mejoraremos a más del 90%. Nuestro objetivo estratégico es extender la predicción meteorológica a entre siete y 10 días, con un 80% de aciertos. Es fácil imaginar la importancia que tendrá esto.
Es más, intentaremos predecir el clima hasta con un año de anticipación: sabremos si el próximo invierno será más frío o más cálido que los de los últimos diez o veinte años, si habrá más lluvias o menos...
-¿Pero... se puede?
-Sí, y creemos que será en esta década. Es más, ya lo estamos haciendo experimentalmente. Y también estamos trabajando en la predicción de desastres naturales, como las erupciones volcánicas y los terremotos. Esta es una meta de largo plazo, tal vez para dentro quince o veinte años.

¿Qué nuevas instántaneas del planeta podrán obtener los satélites del futuro?

Hay varios temas que queremos entender a través de los estudios satelitales. Uno de ellos es cómo se forman las nubes, cuál es el papel de las partículas suspendidas que sirven como núcleos para la formación de gotitas de agua. Desarrollamos instrumentos con láseres que por primera vez nos ofrecen un registro de la estructura vertical de la atmósfera y estamos aprendiendo que, dependiendo del origen de esas gotitas, pueden formarse nubes calientes que no precipitan. Es lo que ocurre en el Sahara. El polvo que se libera de la superficie terrestre forma nubes, pero el núcleo es tan caliente que no llueve.

-¿La investigación satelital está creciendo en importancia?

-Absolutamente, absolutamente... Y por muchas razones: primero, hay partes de la Tierra que no se pueden explorar por medios convencionales. La Antártida, por ejemplo, es muy difícil de estudiar a pie o en barco; sólo es accesible un número limitado de meses. Sin embargo, desde el espacio, puede estudiarse todo el día, todos los días, en todas las estaciones. Los océanos cubren las dos terceras partes del planeta y nos llevaría años explorarlos, incluso utilizando todos los medios disponibles. Desde el espacio podemos observar todos los océanos en un solo día. Y lo mejor de todo es que podemos hacerlo sin perturbar los sistemas terrestres.